Ver morir a los pacientes y trabajar con las uñas es la realidad cotidiana de enfermeras y médicos del J. M. De los Ríos. Un hospital que atiende niños de todo el país y sigue esperando sin esperanzas la ayuda humanitaria prometida por la Cruz Roja.

La presidenta del Colegio de Enfermeras de Caracas Ana Rosario Contreras reclamó el trato dado por el Ministerio de Salud a niños del hospital de niños. Denunció que los pequeños tienen estatus de ¨primera y de segunda¨. ¨La alimentación es discriminatoria, a los niños en Nefrología les dan proteína y al resto de los pacientes pediátricos solo arepa sola¨.

Contreras dijo no sentir vergüenza por comer “lentejas con arroz y arroz con lentejas”. Aseguró que el régimen de Nicolás Maduro la somete a pasar hambre. Aseguró que 64 mil bolívares de salario es una burla para quienes deben además llegar a su lugar de trabajo y no encuentran insumos para salvar vidas.

En el hospital de niños de Caracas no hay antibióticos, inyectadoras ni material de limpieza. Comida, mucho menos.

Jennifer Orozco mostró dos envases con pasta sola y arepa sin relleno, cuando su hijo con cáncer debería comer sopas o compotas de frutas. El pequeño de 11 años está hospitalizado desde hace 4 meses con riesgo de morir sin no recibe con urgencia un trasplante de médula.

Cómo está joven, muchas. La otra cara de la crisis la viven las trabajadoras de la salud. Flor Pérez confesó que llora al no poder ayudar más allá de sus posibilidades a sus pacientes. Informó que padres corren desesperados por pasillos del centro de salud suplicando acceder al “Meropenen y Fluconasol” que son esenciales para el tratamiento de sus hijos.

Pérez relató una amarga experiencia que vivió con un paciente “hace un mes pasé un susto con un niño. Tuve que cargarlo riesgo que se me cayera. Llegué al área de traumashock para que lo atendieran. Me da mucho dolor esta situación, pero gracias a Dios pudimos sacarlo de la crisis”.

Esta enfermera contó su experiencia personal. Es madre de 4 niños, uno con síndrome de down. ¨como hago yo para abastecer a mis hijos. Hago guardias y estiro mi sueldo lo más que puedo.

 

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